Una de las complicaciones más temidas de la diabetes es la afectación renal por la enfermedad.

Para empezar el mejor tratamiento es el control estricto de la glucosa en la sangre y presión arterial. La presión arterial tiene un efecto considerable en la velocidad con la que avanza la enfermedad. Incluso un leve aumento en la presión arterial puede hacer que la nefropatía empeore rápidamente. Cuatro maneras de reducir la presión arterial son perder peso, comer menos sal, evitar las bebidas alcohólicas y el tabaco, y hacer ejercicio de manera regular.

En cuanto al tratamiento con fármacos, se basa en cierto tipo de fármacos antihipertensivos denominados inhibidores del enzima convertidor de angiotensina (IECAs). Igualmente, es muy importante controlar los niveles de lípidos, mantener un peso saludable y practicar una actividad física regular. En general, vida sana.

En casos de nefropatía diabética instaurada es aconsejable reducir la cantidad de proteínas de la dieta siguiendo un plan de alimentación específico, y para ello lo mejor es recurrir a un Servicio de Endocrinología y Nutrición.

Una vez que hay insuficiencia renal, es necesaria la diálisis. La persona debe decidir si continúa con la diálisis o tiene un trasplante de riñón. Esta decisión se debe tomar en equipo. El equipo debe incluir al médico, educador sobre diabetes, nefrólogo (médico de los riñones), cirujano de trasplantes de riñón, trabajador social y psicólogo.

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